Estuvo tremendamente soleado hasta que de repente se nubló. Durante la última semana que estuve acá, siempre a las seis de la tarde se va el sol, se nubla todo el cielo y se larga a llover. Es casi una rutina del clima. De todas formas mejor, porque a la noche no se superan los quince grados de temperatura, por lo que el clima se torna genial, ideal, fantástico, buenísimo y muchos adjetivos calificativos más –positivos, claro-.
Bien, mañana tenía planeado irme a capital –precisamente a microcentro- a una charla informativa en la Escuela Argentina de Moda, pero debido a la lejanía y paz en la que me encuentro, lo lamento, pero no iré nada. De todas formas, creo que con que me acerque a averiguar un par de cosas, está más que bien.
El resto, que anda divagando por distintas partes de este planeta, espero que lo andan pasando bien bien.